Las condenas del juicio ESMA, las paradojas del dolor

La importancia del juicio sobre el Centro Clandestino de Detención y Exterminio, ESMA (Escuela de Mecánica de la Armada) ha tenido una fuerte repercusión tanto en Argentina como en el mundo. Para muchas personas fue un claro signo de justicia y así fue festejado, siendo el Estado español el país en el que más alcance tuvo, lamentablemente por la dolorosa paradoja que el franquismo dejó miles de personas en las cunetas, casi 150 000 desaparecidos por los cuales aún se reclama justicia.

Los crímenes del franquismo se asemejan tantísimamente a los crímenes cometidos por la dictadura argentina, comparten su naturaleza constitutiva, ambos fueron genocidios. Y sin embargo, habiendo sido justamente en Madrid en el año 1996 donde comenzó a agrietarse la impunidad de los militares argentinos, contrariamente desde la geografía española se golpean las puertas de los juzgados que rechazan las demandas y las gentes siguen en las calles y en las plazas demandado la justicia demorada.
Por ello, la percepción del fallo habido cambia de una orilla a otra, y contando con el impacto que produce la sentencia condenando a reclusión perpetua a un número considerable de genocidas, se hace necesario desmenuzar las líneas del fallo de este tercer tramo de la causa ESMA iniciado en el año 2012.

Para la realización de diferentes tramos, se realizó una desmembración de la causa general de ESMA en múltiples expedientes judiciales aislados, con los que se pretendía desdibujar y diluir el plan sistemático de exterminio, se difuminaba así la corresponsabilidad de los imputados y se trató de evitar que se enjuiciara al conjunto de los marinos que convirtieron a la ESMA en uno de los mayores centros clandestinos de detención y exterminio.
Pero a pesar de los obstáculos, y adaptándose al corsé judicial, en cada uno de las partes, resonaron en los diferentes tribunales las acusaciones por genocidio y las probanzas del mismo por parte de los sobrevivientes que debieron repetir y revivir en todas las etapas su detención clandestina.
El primer tramo judicial tuvo lugar en el año 2007, sentando en el banquillo al prefecto Febres, acusado por 4 casos; Febres apareció muerto en su celda envenenado por cianuro. El segundo juicio se realizó en el 2009 al 2010 contra 18 represores y por delitos cometidos contra 88 víctimas y concluyó con 12 condenas perpetuas.

Esta tercera parte fue denominada la Megacausa de ESMA, ya que había 70 represores (2 de ellos murieron impunes antes del inicio de la etapa oral) por 789 víctimas y contenía el trabajo de 5 años de reunir las pruebas, recabar los testimonios, rescatar de la cifra numérica a las y los compañeros, reconstruir sus semblanzas, aportar los fundamentos de hecho y de derecho, y llevar en abultados expedientes o en escuetos pen drive el pedido de castigo a todos los genocidas por todos los desaparecidos.

Ha finalizado el juicio después de cinco años con incontables audiencias, sorteando los obstáculos que ponían constantemente los genocidas y sus abogados; con el paso de cientos de testimonios en que se volvía a revivir palabra a palabra, los secuestros, la capucha, las torturas, los abusos y violaciones sexuales, la apropiación de bebés, el traslado en los vuelos de la muerte…. Delitos todos ellos aberrantes y que no han sido nunca delitos aislados, han sido parte del plan sistemático de exterminio contra una generación militante que era preciso aniquilar para que los genocidas establecieran su proyecto económico, político y social, donde no cabía la mínima disidencia ni libertad.

Ciertamente que se ha calificado por la querella de JusticiaYa, de delito de Genocidio, en todos los tramos del juicio sobre la ESMA, por el exterminio sistematizado y porque coloca a las víctimas en el lugar definido, en el grupo perseguido por los perpetradores del genocidio.

La querella de Justicia Ya realizó el apartado de los delitos sexuales cometidos por todos estos funcionarios de la Armada, y que tanto tiempo demorara su denuncia y acusación. Pero los jueces han sido ciegos, sordos y mudos a la violencia sexual que sufrieron las mujeres prisioneras. El ignorar y omitir la mínima mención a esto tan gratuitamente es porque el Estado machista y patriarcal lo tolera y lo encubre. Pero ya no quedará en silencio. Se volverá una y otra vez, en todas las instancias, a denunciarlo para que sean condenados los repugnantes violadores y abusadores.

Se ha sostenido en el juicio que los vuelos de la muerte eran, asimismo, delitos componentes del plan exterminador; pero aun así sólo han sido condenados dos comandantes de los siniestros aviones, dejando el peligroso antecedente de obediencia debida con la absolución a los cuatro marinos que se ufanaron públicamente de haber participado activamente en arrojar personas al mar.

Y a pesar de que los jueces tuvieron ante sí cientos de testigos y en las incontables pruebas de los elementos que conforman el delito de genocidio que cometieron los 55 represores, y teniendo la posibilidad histórica que la condena así lo fuera por el período más siniestro que atravesó la Argentina, pudiendo reforzar la Justicia con una condena por Genocidio, los jueces no han escrito ni una línea, ni un mínimo esbozo de la dignidad ni la altura moral que se requería para ello.

Con gran expectación los querellantes sintieron, en una gran medida, una tremenda decepción al poder oír entre líneas cierto aire de encubrimiento cuando ciertas condenas perpetuas se mezclaron con sentencias que menguaban y afectaban el entusiasmo, hasta llegar a seis absoluciones. Para muchas personas hubo en esta decisiva condena una explosión de entusiasmo y emoción, y para muchas otras un grado de decepción importante con este veredicto, ya que conllevaba un sesgo de complicidad en tanto los jueces rebajaron penas a criminales genocidas 1/.

Desde el enunciado inicial, la posibilidad de comparar dos situaciones en las que los genocidios dejaron saldos de muertes, heridas y dolores, es obligado contemplar asimismo que la lucha por la justicia, en ambos casos, contínua, con imperfecciones, contradicciones, errores propios y controles ajenos, pero continúa. Y así en Argentina se organiza una respuesta a las bajas penas, y ante el informe del Servicio Penitenciario Federal (SPF) que enviará a juzgados de todo el país un listado de personas a las que se les puede otorgar la prisión domiciliaria con una tobillera electrónica. En dicho listado hay 110 genocidas, entre ellos el Almirante Jorge Acosta, que acumula ya dos codenas perpetuas.

Los tiempos son de gran oscuridad y confusión y así en juzgados españoles, algún pequeño avance comienza a vislumbrarse, tal como en el Juzgado 4 de Bergara, que ha admitido a trámite la querella contra los crímenes del franquismo que presentara el Ayuntamiento de Elgeta, municipio de la provincia de Gipúzkoa, que se suma a las iniciativas de Madrid y Barcelona.

Agreguemos que las presentaciones tanto individuales como de colectivos y ayuntamientos son productos de tantas y tantos que siguen inclaudicables. Y corporizando en cientos de canciones y poemas, dando sitio y tiempo a la lucha contra el olvido, a todas las personas que han construido palmo a palmo, marcha a marcha, la memoria colectiva, y que son y han sido los elementos fundamentales para tejer las demandas de justicia contenedora en el derecho articulado que los relega y omite.

Pero más allá de las vicisitudes amargas, o no tan gratas, más allá de la caprichosa geografía, hay un puente de recuperación de la memoria histórica, que es nada más y menos que recuperar la dignidad de las víctimas de los genocidios.

Andrea Benites-Dumont es periodista, integrante de la AEDD (Asociación Ex Detenidos Desaparecidos- Argentina) y de Casapueblos-Madrid.
1/ Condenas tercer tramo ESMA diciembre 2017:
70 genocidas imputados para el juicio
2 murieron impunes antes del inicio de la etapa oral
14 murieron impunes o fueron retirados de la causa, declarados inimputables
54 llegaron a la sentencia
29 condenas a cadena perpetua
6 condenas entre 15 y 25 años de prisión
13 condenas entre 8 y 14 años
6 absoluciones
http://vientosur.info/spip.php?article13296 

Malditos, malditos sean. Por Andrea Benites-Dumont

No se cumplen aún tres meses del secuestro y desaparición de Santiago Maldonado en manos de la Gendarmería, y después de mentiras, difamaciones, infundios… hoy emerge la verdad de la muerte de Santiago en el cuerpo que asoma en el río.


Desde el 1 de agosto hemos denunciado y hemos exigido Aparición con vida de Santiago Maldonado, porque vivo lo llevó la Gendarmería, y vivo lo reclamamos en cada momento, en cada acto, marcha, concentración, en cada firma, en cada canción, en cada poema, en cada calle, en cada plaza…



Y en tanto, los malditos responsables y cómplices, agazapados y atrincherados en la ignominia, callaban o falseaban.



Malditos por ocultar a Santiago y hace unas horas nomás, arrojar su cuerpo al río.



Malditos por decir que Santiago no era Santiago.



Malditos por decir que se había ido a Chile, que lo habían visto en San Luis... En la dictadura, decían a las madres que su hijxs desaparecidxs estaban en el exterior. Malditos desde entonces los calumniadores y patrañeros, malditos los criminales.



Malditos por decir que la comunidad mapuche a la que Santiago se había unido para resistir la ofensiva represiva, era la culpable de su desaparición.



Malditos por allanar la casa de Santiago y de la familia, mientras manipulaban y destruían pruebas.

Malditos los que publicaron fotos de personas que decían eran Santiago en distintos puntos del país.



Malditos por cuestionar y no escuchar a los testigos, y malditos por decir que se trataba de un extravío y no de una desaparición forzada de la cuál el Estado es responsable.



Maldita la Gendarmería que con todo su armamento avanzó contra los mapuches en sus casas y contra Santiago que allá estaba poniendo el cuerpo y el compromiso contra la injusticia.



Maldito el juez que amparó a los ejecutores mientras tiraba bombas de humo contra la familia y los mapuches.



Maldita la ministra Bullrich y todos sus funcionarios secuaces, maldito el gobierno todo por su silencio infame.



Malditos los políticos que avalaron la desaparición forzada de Santiago con dichos rastreros, o los que miraron para otro lado y se callaron.



Malditos los que intentaron manosear la causa de Santiago con fines partidistas y electoralistas.



Malditos los empresarios que con la protección de diferentes gobiernos quieren usurpar las tierras de los pueblos originarios.



Malditos, malditos los represores, desaparecedores, torturadores de los pueblos, de los más humildes.



Maldito este sistema perverso y asesino basado en el enriquecimiento económico, en la explotación de lxs trabajadorxs, los que generan las riquezas y que jamás podrán disfrutar de la más mínima parte de las mismas.



Malditos todos los que sostienen tamaña pirámide de injusticias, opresiones y ultrajes.



Malditos todos los que no toleran ni permiten otra forma de vida con lazos sociales basados en valores de fraternidad, libertad e igualdad



Pero a pesar de los golpes, de las heridas que nos sangran por tantas y tantos, los treinta mil, estamos y estaremos, nadaremos a contra corriente para continuar abrazando a Santiago, y seguiremos a voz en grito exigiendo juicio y castigo a los responsables, ejecutores y cómplices.



Sólo conocemos la memoria: No al olvido.

Sólo queremos justicia: No al perdón.
Sólo pretendemos dignidad: No a la reconciliación.



Andrea Benites-Dumont

18/10/2017

No son los medios. Fue genocidio; por Andrea Benites-Dumont

La ESMA fue un centro clandestino de detención y exterminio durante toda la dictadura genocida. Por dicho centro pasaron cerca de 5000 prisioneros.

Durante los gobiernos constitucionales, los marinos se dedicaron a ocultar con reformas y eliminar toda prueba del horror transitado, amparados en las leyes de impunidad otorgadas por gobiernos democráticos.

Luego de los juicios a las Juntas y de las denuncias de los sobrevivientes, comenzaron a ubicarse y señalizarse dónde funcionaron los cientos de centros clandestinos de detención y exterminio que las fuerzas represivas extendieron a lo largo y a lo ancho de Argentina.
De la voz de los sobrevivientes, familiares y compañeros, comenzaron a corporizarse las ausencias dolorosas, y las cifras de las desapariciones recobraron sus nombres,  se iniciaron entonces ritos de recuperación de recuerdos y de construcción de memoria.

Fue así  perfilándose entonces la importancia de los memoriales donde hubo antes campos de horror,  y también se crearon otros espacios simbólicos y evocativos.
A partir del año 2000 se produce el surgimiento de una amplísima actividad conmemorativa: la preservación de los CCD y E fueron demostración inequívoca de la lucha de organismos de derechos humanos para que dichos sitios sean parte del conjunto de la memoria histórica. Se han dado diversos debates que planearon tanto en la existencia y significado de los asentamientos históricos concretos, en la pedagogía sobre la memoria histórica como centros explicativos únicos, y, se presupone, que en todas las propuestas, estaba inamovible la obligación principal de preservar la dignidad de las víctimas. Se impone así la necesidad de lograr conjugar la conmemoración y la educación como elementos indisolublemente relacionados. La conmemoración debe servir para mantener vivo el recuerdo, la memoria de los que desaparecieron. Pero si no se consigue interpelar a la sociedad sobre los hechos y las circunstancias históricas, si se diluye el pasado con elementos ajenos y tergiversadores, la conmemoración y el recuerdo no sirven de nada.

Para trasladar la cartografía completa del genocidio es indispensable personalizar  tanto a las víctimas como a los represores, para entender así lo que los centros de concentración significaron en el plan genocida establecido. El genocidio en Argentina fue el resultado de un plan de dominación y de un proyecto económico y político por parte de los sectores dominantes, militares y sus cómplices civiles, y no una aventura golpista ni tan siquiera un generalizado episodio de crueldad, lo habido en Argentina desde marzo de 1976, con connatos previos, fue un genocidio, es decir la eliminación de grupos opuestos y contrarios a los planes de dictatoriales. Este debate que aún se resiste en algunos ámbitos, la figura penal de genocidio, viene siendo aceptado desde diferentes disciplinas –jurídica, sociológica, histórica, etc.- como producto de una fuerte e incansable lucha de los empecinados hacedores de memoria.

La mera exposición de los CCD y E  son testimonios abrumadores del horror, y dan asimismo una información sobre los aspectos determinantes de lo allí acaecido; los campos de concentración abarcan diversos aspectos como espacios de referencia histórica: incitan al entendimiento sobre los crímenes, el lugar en sí evidencia cómo sucedieron los crímenes, y finalmente el contacto directo ayuda a desarrollar una relación personal con esos acontecimientos del pasado. La empatía con las víctimas se produce en lo profundo. No hay maquillaje posible.

El sostén más importante, sin duda alguna, es la memoria y testimonio de los sobrevivientes, que no se limita  sólo a la cotidianidad del horror, sino que identifican a los causantes del mismo. Personalizar a las víctimas y a los represores,  es asentar la índole humana no lejana al conjunto de la sociedad, y para que quienes entonces se acercan a los memoriales no sean meros espectadores asombrados o excéntricas visitas turísticas.

En la construcción de la memoria colectiva se han desarrollado desde la última década en Argentina, juicios, centros, institutos, seminarios, publicaciones específicas en las que surgen nuevas investigaciones y materiales y que abarcan variedad de temáticas: el trabajo esclavo, los delitos sexuales, la búsqueda por los menores apropiados, el rol empresarial, la complicidad, la naturalización de la impunidad…

El genocidio se diferencia -entre otros aspectos- de otras formas de asesinato masivo, por el  papel del Estado como el perpetrador de los crímenes contra sus propios ciudadanos. El Estado se convirtió en el principal ejecutor de los crímenes. Y esto parece ser lo más costoso de ser asumido en Argentina, y, que sin embargo quienes se resisten a ello, no dudan en la calificación y comprensión de otros genocidios cometidos en otros países

Auschwitz, es quizás el mayor símbolo del genocidio perpetrado por el nazismo. También en Argentina existen símbolos del genocidio, la ESMA es uno de ellos.

Es impensable hablar de un ex Auschwitz. La memoria histórica lo rechaza radicalmente. Los millones de seres humanos allí exterminados nos lo impiden desde las capas más periféricas de la conciencia humana, como también el rechazo que produce el eliminar la significación del mismo.

En Argentina hubo un genocidio, no puede hacerse una re-significación del genocidio, no hay lugar ni científico ni emocional para ello. Pueden inventarse otras caracterizaciones o apreciaciones, pero el genocidio en sí no tiene matices ni representaciones extrañas.

Se ha realizado un asado en la ESMA, y puede afirmarse que es una más de las muchas actividades dentro de una representación de la memoria que se ejerce a diario en un predio donde el horror fue el determinante de su trascendencia. Sin embargo se ha señalado con dolor, rabia y tristeza, el significado de los “asados” en la ESMA. Las acciones anteceden a la comprensión, y ésta no es un requerimiento para la ejecución de la acción, pero sí el entendimiento, la comprensión de la misma, permite gestar y gestionar pensamiento, analizar el alcance de las acciones, sus repercusiones, desarrollar un enfoque crítico sobre la responsabilidad ante cada acción, como la que les corresponde a los grandes medios de comunicación que hoy se espantan de lo que ayer aplaudían.

Afirmar que la ESMA ya no es la ESMA es la consecuencia fatídica de la banalización de la política y del pasado inmediato, pero es también la apropiación de los derechos humanos en clave partidaria, es denostar todo pensamiento y sentimiento crítico; y frivolizar el lenguaje arrancándole su contenido ideológico lleva a que los centros clandestinos de detención y exterminio sean meros salones de espectáculos con adornos retóricos, despojan el sentido de testimonio material de los centros clandestinos de detención y exterminio: sustraen el genocidio perpetrado, y entonces se alcanzará el objetivo de la negación del genocidio.

Por todo ello, y por todos ellos, los que nos completan: la memoria, como mínimo, es un arma de justicia.

Andrea Benites-Dumont (AEDD)

Un testimonio demorado en una audiencia anticipada da inicio al juicio ESMA, por Andrea Benites-Dumont



A partir del 28 de noviembre se iniciará uno de los juicios más importantes habidos  en la Argentina, 68 represores imputados, más de 800 testigos y cerca de 780 casos,  pero el día 5 de noviembre, Blanca García Alonso, Betty, apoyada en su bastón y en su dignidad, abrió el juicio.

Los abogados de los represores repetían el libreto ignominioso de pedir la nulidad de las actuaciones e iniciaban la jornada  con todos los obstáculos tan impertinentes  como necios.  Durante toda la audiencia, los defensores de los inculpados se reían, gesticulaban y comentaban ostentosamente las respuestas de la presidenta del tribunal, de la fiscalía, y por supuesto de Betty.

Betty fue secuestrada  el  11 de marzo de 1979, separada de su hijito de 9 meses,  llevada al centro clandestino de detención,  donde fue torturada desde el primer momento en que pisó las inolvidables escaleras desde las que fue arrojada hasta los subsuelos del horror. Fue golpeada, quemada, torturada con corriente eléctrica. Querían información sobre la comisión de familiares a la que Betty acudía porque su esposo había sido secuestrado unos meses antes, Alejandro Firpo, a quién volvió  a ver en la ESMA, con grilletes y  en muy mal estado.
Betty sufrió incontables violaciones por parte de los represores;  ir al baño era equivalente a violación, por lo que las mujeres resolvieron no ir más, su  dignidad estaba en mantenerse limpiamente sucias. En este tramo del juicio de ESMA se ha denunciado por primera vez la sistematización de los delitos sexuales en las torturas infringidas a las mujeres.

Betty soportó todo el abanico de humillaciones a que eran sometidos los prisioneros con el intento de anularles la voluntad, arrebatarles principios, sentimientos, integridad...
Después de meses de ser torturada en el sótano, la subieron a “Capucha”, donde no cesaron ni las golpizas ni las vejaciones. Posteriormente,  fue bajada al comedor y obligada a permanecer sentada. “Allí soporté  el peor de los tormentos:   escuchar  permanentemente las torturas  de las personas, ya que solamente me separaba un tabique de la sala de torturas”.
Todos los momentos transitados por Betty fueron en el filo del sufrimiento y del espanto. En una oportunidad le fueron entregados cuatro chicos que no superaban ninguno de ellos los cuatro años, por los gritos y la violencia desplegada, Betty, atinó a sacarle los zapatos a una de las nenas  y esconderlos  con ella bajo la mesa. Puso su cuerpo, protegiéndolos como hacen las madres, sin embargo vinieron los guardias y se los arrebataron; nunca supo cómo se llamaban, pero jamás se olvidó de ninguno de ellos: no pudieron arrebatárselos del todo.
Otra escena tan dolorosa como dantesca que Betty denunció,  cuando  fue obligada a vestirse como una mujer policía para sacarle el bebé a una compañera. La tomó en sus brazos tratando de enviar algún tipo de señal o mensaje a la madre para hacerle saber que ella era otra  víctima más, forzada en ese plan terrorífico de destruir. Cuidó a la nena con doble esmero de madre, tanto que cuando el oficial al mando vino a sacársela para maltratarla, Betty se resistió como una leona, poniendo otra vez el cuerpo, poniendo otra vez la vida. 

En el momento que la Comisión de Derechos Humanos de la OEA llega a Argentina, varios prisioneros de la ESMA, fueron trasladados a una isla; a  Betty le fue impuesta la  coordinación de la cocina, debiendo preparar la comida para todos los que allí estaban. En este punto, la voz se le caía en el vacio del recuerdo de los compañeros que no fueron, ya que todos lo sabían pero no lo mencionaban ni siquiera en el silencio, los demás habían sido  objeto de traslado, una nueva figura que hubo que incorporar desde el inicio del genocidio: traslado era sinónimo de asesinato.

Sin precisar el tiempo, ya que son otras las dimensiones que deben manejarse en estas situaciones, Betty fue llevada a ver a su hijito de meses, custodiada permanentemente por oficiales, suboficiales o guardias.  Transcurrido el tiempo que los represores evaluaban que los prisioneros estaban en una fase de recuperación aceptable, pasaban a tener otro tipo de lazo de igual sometimiento, ya que seguían bajo el control y dominación de los represores.  Así Betty estuvo en limbo de secuestro durante varios meses. La ESMA se instalaba en las casas que Betty iba a vivir,  ya que controlaban cada movimiento  y debía informar de cualquier paso a dar.

En este período es llevada junto a otros compañeros a una quinta, una simulación dantesca  de un acontecimiento normal, un grupo de personas reunido para comer un asado,  pero que encubría unas cadenas tan invisibles como insoportables.: “Nos querían anular las emociones, estaban pendientes de nuestras actitudes y nuestros sentimientos, si nos daban por no recuperados, seríamos trasladados”. En este lugar ocurrió un hecho que Betty recordó con especial emoción. Un nene se cayó en una pileta,  los marinos no hacían nada, expectantes a la reacción de alguien, en la tensión sólo se escuchaba el pataleo del nene en el agua. Betty atinó a tapar los ojos a su hijo, y un compañero  -otro que puso el cuerpo-  se tiró a salvarlo, sabiendo que podría ser el pasaje a un vuelo de la muerte, pero que aún con esa posibilidad, era un pasaje de ida y vuelta para todos los hijos de la vida.

Durante toda la audiencia, Betty fue fijando los recuerdos que le llegaban hilvanados desde el espacio protegido en todos estos años de memoria; trajo los nombres de los compañeros con los que compartió cautiverio: la familia Villaflor, Cachito Fukman, Teresa y Pablo,  Laura, Víctor Basterra, Carlos Lordkipandise, Ramón Ardetti, Mariana Wolfson, Tachito, Mario Villani, Guillermo el arquitecto, Roberto Barreiro, Rosa Paredes, Osvaldo el abogado,  Thelma Jara de Cabezas…

Y enumeró describiendo a los represores y torturadores: el gordo Daniel, Tomás, Abdala, Marcelo – Ricardo Cavallo-, Juan Palanca, Jerónimo, Giba, Díaz Smith…

Respondió a las preguntas de la Fiscalía, a las de los miembros del Tribunal, a las de los otros querellantes… pero cuando los abogados de los represores que se escondían en la no credibilidad de los dichos,  buscaron en forma inquisitorial, hacerla entrar en contradicciones, a pesar del cansancio y de la conmoción de volver a revivir cada uno de los segundos padecidos, Betty se erguió sobre su maltrecha espalda, vigorizó su voz y no renegó de su militancia montonera ni de Eva Perón, que para la identidad de Betty, son elementos constitutivos de vida. Tanto es así que restó la importancia de las secuelas de las torturas en su espalda y en su pierna. 

Cavallo no se despegó de la pantalla de la computadora último modelo.
Betty no se despegó de los abrazos de los compañeros que la aplaudían al salir, sin dejar de agradecer a nadie la presencia,  la cercanía, y  la perseverancia de la Asociación Ex Detenidos Desaparecidos. Betty ya había recuperado la sonrisa.
Andrea Benites-Dumont - 7 de noviembre de 2012

Hubo condenas... pero ¿hubo justicia?, por Andrea Benites-Dumont

Cincuenta años de condena provoca un impacto indudable; da para alegrías, para comparaciones, da lugar a la referencia especialmente en países que se niega como España –todavía- la posibilidad tan siquiera de investigar… cincuenta años para el genocida Videla y los restantes acusados con condenas menores, aún cuando todos y cada uno de ellos fueron partícipes y ejecutores directos en diversos niveles en la apropiación de menores, la mayoría de ellos nacidos en centros clandestinos de detención durante el cautiverio de sus madres, y en el asesinato posterior de ellas.

La impunidad impuesta  y sustentada por los gobiernos post dictatoriales, ha permitido que se perpetraran y acumularan más delitos contra esos entonces bebés y que hoy rondan la treintena, además de la anulación y sustitución de identidad, en muchos casos, hay que incorporar el maltrato y el abuso… un cúmulo de perversiones para “evitar que se criaran en un ambiente hostil al régimen impuesto”  (Reglamento de las FFAA 1976)

Dada la importancia y trascendencia de este juicio, y de la que debería abarcar, es obligado señalar dos cuestiones impostergables, la primera de ellas, la calificación de los delitos y las penas, que hace al momento judicial transitado, y la segunda, la posibilidad concreta de justicia.

Los apropiadores y ejecutores del plan sistemático en un juicio de casi un año y medio, han merecido condenas desde un abanico de 50 años a absoluciones.
Este insólito escalafón condenatorio evidencia una vez más, la fragmentación inusitada de los juicios, y la negación por parte de elementos conservadores –y no tanto- del poder judicial y en el ámbito político, que lo instaurado en Argentina por los militares y sus cómplices civiles, fue un genocidio.
El delito más tremendo e innombrable, que comenten los Estados terroristas y que aún cuando se repita una y otra vez, queda sin embargo, "desaparecido” para la mayoría de los tribunales y también de las querellas. El aberrante delito de genocidio abarca:
- matanza de miembros del grupo;
- lesión grave a la integridad física o mental de los miembros del grupo;
- sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear la destrucción física, total o parcial;
- medidas destinadas a impedir nacimientos en el seno del grupo;
- traslado por la fuerza de niños del grupo a otro grupo.
Todo ello con la intencionalidad, con la sistematización de la ejecución, y se habla de un grupo nacional, étnico, racial o religioso...

Todos y cada uno de los elementos definitorios señalados los encontramos en los juicios que se parcializan, que se reducen a un número mínimo de casos, causas fragmentadas que generan, por un lado la dilación temporal, dónde van muriendo represores, pero también las víctimas, y dan como resultado entonces que injustamente habrá casos que nunca serán mencionados ni siquiera en esta parcialidad, estarán tan desaparecidos como hasta ahora. Sin olvidar la revictimización de los testigos que tienen que declarar una y otra vez ante diferentes o los mismos represores y asesinos.
La declaración sobre que las conductas investigadas y enjuiciadas, fueron genocidas, violatorias de la Convención sobre Prevención y Sanción del Delito de Genocidio concurren ya en varias sentencias que han contemplado la aplicación de la Convención, ya que está previsto desde 1956 en la legislación argentina, fecha de vigencia en la República Argentina del tratado contra el Genocidio. Esto en cuanto a la acción, tipicidad y la culpabilidad de este delito, por lo que resulta coherente solicitar la calificación de genocidio. Respecto a la punibilidad del mismo, la sumatoria de condenas establecidas por los crímenes de eliminación de personas (con devolución de cuerpos o robo de cuerpos), secuestro, tormentos y torturas, violación, robo de menores... Tan contundentes la pruebas como contundentes deben ser las condenas, prisión perpetua en cárcel común, continuando en la jurisprudencia asentada en los emblemáticos juicios contra Miguel Etchekolatz y Von Wernich.  
Hay pruebas tan concluyentes del genocidio y que el desvío de la tipificación a homicidio y/o desaparición forzada de personas, origina situaciones tales como que el mismo día que se condenaba Videla a 50 años, se castigaba también a un individuo a 45 años de reclusión por homicidio en ocasión de robo. Bignone fue condenado a 18 años hasta llegar a dos absoluciones y otras condenas, ciertamente, nada ejemplares. Habrá que recordar siempre que como General en Jefe, Videla en su defensa, sostuvo que los niños fueron robados "unos con la mejor voluntad para darle un buen hogar a los hijos de terroristas, otros para venderlos".
En este proceso judicial, se ha dictaminado las prácticas sistemáticas, y no el plan sistemático elaborado y aplicado para alcanzar la cifra de 500. Queda, asimismo,  irresuelta la colaboración de la jerarquía católica, tan afín a los planes exterminadores, la complicidad de jueces, fiscales, médicos y todos los que participaron para la implementación de este plan sistemático.
Cincuenta años provoca un impacto indudable, pero un desgarro indudable produce el hecho que se considera a una apropiadora como una víctima, o que se hayan excluido casos con sobrados elementos de prueba.
De los 35 casos que se consideraron en este juicio, 28 personas recuperaron su identidad. De los casi 500 casos de menores apropiados, a 105 se les ha podido restituir la identidad. Faltan 400…  
Y este número de personas que andan por ahí no siendo quiénes son, es el segundo punto que surge como consecuencia de la conclusión del juicio por el robo de menores. Y los 400 que faltan ¿dónde y cómo van a dilucidarse? En 1976 se inició la pesadilla del terror, en 1983 comenzó un proceso democrático, en 1987 se establecieron las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, en 1991, se otorgó el indulto a los jerarcas genocidas, en 1996 se inician los juicios en España, en 2003 se anulan las leyes exculpatorias, desde el 18 de septiembre de 2006 Jorge Julio López continúa desaparecido, en marzo de 2010 fue asesinada en sospechas circunstancias, Silvia Suppo...
Ya es el tiempo de deconstruir la impunidad, es tiempo que decrezca la magnitud del horror y la naturalidad de su absorción social explicitada en aplausos y festejos. Para la alegría colectiva es imprescindible la memoria colectiva, y en ese fallo judicial, no estaban los 400, no estaban.
La simbología de un cuadro descolgado no consuela por Ana María Lanzillotto, por Liliana Delfino, ni por todas las muchachas parturientas que no entraron en el fallo de la "historia"; no consuela porque no repara el dolor de Juliana García ni de Victoria Ruiz Dameri, ni de Virginia Ogando, ni por Fernando ni María Eugenia Amestoy.... no repara, no repara.
Deconstruir la impunidad es ya sin dilación alguna, la apertura de los archivos de la dictadura, que son el códice maldito de la verdad del paradero de los 400 y de los 30.000 que nos faltan: Este es el segundo punto irrenunciable.
Delito de genocidio, condenas de prisión perpetua para los ejecutores y cómplices y, apertura de los archivos de la dictadura.
Los símbolos son la representación perceptible de ideas.
Ya es tiempo de la presentación palpable de la verdad y de la justicia.

24de marzo: Nuestra memoria insumisa; por Andrea Benites-Dumont

Un nuevo 24 de marzo, otro aniversario del maldito hito que nos partió el corazón hasta el fin de los tiempos.

Un nuevo 24 que no viene despojado de presente.
En los últimos años ha habido transformaciones en todos los ámbitos sociales y políticos, y se ha generado una cultura de la memoria que se explaya en los más variopintos sitios y rincones, conducida desde una suerte de mesa de mezclas donde se pretende afinar en un mismo ritmo y sonido, a un coro homogéneo que no admite diversidades ni multiplicidades.

Así como la historia no puede existir sin la memoria, la memoria no puede dejar de meterse en el presente, y, abordando los sitios concretos que son en sí mismos memoria, tanto los que han sido escenario de las atrocidades, o los que se rehabilitan o los que se construyen, dichos espacios y centros de memoria están influidos de las necesidades políticas del momento que se hacen, y es lógico e innegable que así sea; otra cuestión es el uso y utilidad de la construcción de una memoria histórica a semblanza y en concordancia con un partido, organización o gobierno.

Los memoriales, espacios especiales, son ideados como lugares de conmemoración y remembranza, incorporándose en la reconstrucción de esta cita creadora, la presencia de los testimonios y denuncias de los sobrevivientes.
Y es en este punto de encuentro, entonces, donde se conjugan los rastros del pasado, suenan en presente y sueñan en futuro.

La complejidad del presente se escabulle de las imágenes claras y precisas que la memoria se esfuerza en acercar, y como una variante de calidoscopio dibuja escenas esperpénticas, un memorial de “héroes” de Malvinas en el mismo sitio donde esos “adalides” torturaron, violaron y asesinaron; o acondicionar un poco allá y un poco acá, una sala de proyecciones dentro de la ESMA, para desarrollar los tramos judiciales que restan en la causa contra los genocidas de la armada, sin desplazarse a la cartografía del dolor de los familiares, las víctimas, los sobrevivientes.
Iniciativas éstas, salidas de discursos efectistas y demostrativas del manejo que de los derechos humanos vienen avasallando desde las instancias del poder y desde los organismos cooptados, hoy más gubernamentales e inamovibles que las estatuas de la Casa Rosada. Si visitar, adentrarse en un sitio conmemorativo, nos coloca en el evocar y en reconstruir lo que allí pasó, sentir en el cuerpo y en el alma; sólo los perpetradores y represores, quedan fuera de esta rememoración fraterna. Esas disparatadas propuestas ignoran y desoyen los silencios que aún suenan desgarrados en las paredes y pasillos de la ESMA.

Podría hablarse de una pluralidad de memorias, y no seria errático ni restador, porque ello se corporiza en las marchas diferentes, y en las consignas que llevan los mensajes a los que pusimos protegidos en las fotografías. Y si la dimensión del recuerdo es la del propio reconocimiento, la memoria es parte, necesariamente, de un sistema crítico, es la alerta contra el olvido de las injusticias y atropellos, que dejaron las calles manchadas y con siluetas hechas jirones, que reaparecen en las demandas sociales actualizadas a golpe de resistencias contra un sistema perverso que devora insaciable lo mejor de la gente, la gente que enfrenta y escabulle la ley antiterrorista implementada por el gobierno de los derechos humanos.

Las imágenes quedan fijadas en fotografías, y de aquella memoria gráfica que no se re-encuentra como parte del hoy, se va borrando, se diluyen, las desaparecen…. Las imágenes son reconocibles a través de su relación con el tiempo del presente. Los límites de una fotografía nos desafían a completar lo que no vemos, lo que está fuera de la imagen. Así como las hojas y expedientes sueltos o descubiertos al azar, de los archivos de la dictadura que encierra todo el paisaje que es indispensable para que no estén perdidos en soledades ni en silencios aquellos que nadie nombra ni recuerda, pero sabíamos que estaban.

Aún hoy a 36 años del golpe asesino, del genocidio instaurado, no se soporta todavía su potencia demoledora, y se crean atajos jurídicos procesales y políticos, para evitar su uso, y se allana y banaliza, se emiten calificaciones de genocida en lugar de asentar en conciencia el genocidio perpetrado. Y así sobran en los documentos, en los textos, en las demandas y en las querellas, calificaciones todas insuficientes.

Pero la realidad es siempre generosa en variedades y posibilidades, y por ahí también anda anidando y proliferando una cultura de la memoria centrada en las víctimas, en las gentes, lejos de los mármoles, de los monumentos, subvenciones, negocios, puestos, acomodos y funcionariado.

Ahí anda callejeando en baldosas que amalgaman los recuerdos, baldosas de muchos colores y de muchas manos, una cultura de memoria en espacios públicos abiertos, en marchas, una cultura de la memoria en los nuevos reclamos y en los nuevos desaparecidos….
Y hoy 24 de marzo, ahí anda la memoria, desnuda y desafiante, buscando a Jorge Julio López entre tanta concurrencia y hojarasca.

Cinco veces septiembre, por Andrea Benites-Dumont

Un nuevo septiembre que suma un tiempo más, un tramo más, de la reaparición de la desaparición en el marco de la democracia; cinco años de la desaparición de un sobreviviente de la dictadura: Jorge Julio López, albañil de profesión, y el oficio de sobrevivir peleando la desmemoria que le cercaba desde que salió de los centros clandestinos de detención que controlaba la policía de la provincia de Buenos Aires, la bonaerense, la siniestra, pero no en grado menor que las demás fuerzas de seguridad del Estado terrorista que implementaron el genocidio en Argentina.

Cinco años desde aquel 18 de septiembre de 2006 que tuvo que leerse el alegato de los querellantes sin la ya presencia de Jorge Julio López. Los abogados de la Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos, pusieron su voz a las palabras que el empecinado memorioso de Jorge Julio López había cimentado en las pruebas condenatorias contra el genocida Echekolatz.

Cinco años donde ha habido de todo en el espacio que contiene los vacíos, que como parte ya de la estructura geográfica, han quedado para siempre marcados en la conformación social de aquel mapa sureño.
En cinco años se desarrollaron y se desarrollan, nuevos juicios contra represores; pero siguen siendo los imputados, una ínfima parte de los que aunadamente prepararon y ejecutaron el plan genocida, y que contaron con múltiples cómplices civiles desde las esferas financieras, desde el poder judicial, desde los medios de comunicación, desde las multinacionales, desde la jerarquía eclesiástica… y que a pesar de la anulación de las leyes de obediencia debida y punto final, siguen gozando de la impunidad que les brinda el acotamiento del mecanismo procesal jurídico, el cerramiento de los archivos ocultos de la dictadura, y la nula voluntad política manifestada en el estrepitoso silencio gubernamental, y también en la despectiva desatención de grupos políticos e incluso de organismos de derechos humanos.

Cinco años en que muchos se han armado de discursos disculpatorios, reduccionistas, aceptadores y defensores, de un proyecto político que se autoabandera como la gran transformación social, que se envuelve en mitos populistas de gran impacto, produciendo así por un lado, un acento de superficialidad y banalidad insultantes, y por otro, una tendencia represiva a todo aquello que profundice cuestionamientos, demandas, reclamos, luchas…
Cuesta reconocer a ciertos grupos o personajes que hoy, a cinco años de la desaparición de Jorge Julio López, bailotean en una esperpéntica degradación, y que no hace demasiado se erigían en puntales intocables en la defensa los derechos humanos.

Cinco años en que aún se debate en planos académicos, jurídicos y políticos, si lo ocurrido en Argentina fue genocidio o sólo “crímenes terribles”. Debate que no es baladí en la medida que determina que no sean juzgados por la ejecución del genocidio, que más allá incluso de las condenas, es la naturaleza del crimen que abre la dimensión del mismo y lo hermana y lo une a otros exterminios padecidos en otros países y momentos históricos, algunos un tanto lejanos y otros contemporáneos.

Cinco años en que un expediente duerme en un cajón de un despacho, porque se “agotaron las líneas de investigación dadas por videntes y mediums” convocadas, y que sin ninguna seriedad ni rigor, negaron el respeto que se ganó un sobreviviente que testimonió a pesar de las amenazas. Un juzgado que entrega los elementos a la misma policía bonaerense que denunciara Jorge Julio López en aquel juicio del 2006 en la ciudad de La Plata.

Aún así, frente a la inoperancia interesada, en las calles, en los actos, en las paredes… la exigencia por Jorge Julio López no ha descansado.

Cinco años de testimonios, de denuncias y marchas roncas, roncas que no rotas.

Andrea Benites-Dumont
(AEDD, (Casapueblos)
Septiembre 2011.

La pueblada en Madrid se llevó el miedo por delante; por Andrea Benites-Dumont.

Desde el 15 de mayo en las calles de Madrid en que el número de manifestantes desbordaba los carriles, las aceras, también comenzaba a desbordar la alegría colectiva, contagiosa y recuperadora de tantas caminatas aparentemente baldías que esta vez llegaban al puerto inasible pero renacido de Ítaca.

La hartura de tanto cinismo, tanto robo, tanta usurpación, no sólo de los mínimos proyectos individuales de trabajo, estudio, vivienda -todos ellos derechos constitucionalmente contemplados- emerge el hastío de tanta degradación política, tanto maloliente contubernio económico, y se han abierto las plazas y las calles, y la rebelde libertad del ser humano ha echado a andar.

Por su parte, los acartonados partidos políticos se afanan en una esperpéntica campaña electoral, los momificados sindicatos siguen en sus congresos, los medios de comunicación editorializan cuál oráculos decadentes, sin que falten por su supuesto, los gurús apocalípticos y los que dan recetas para arribar a la tierra prometida.

Hay una comunitaria y sencilla recuperación de hálitos de libertad, justicia, dignidad, igualdad... Las comisiones que se articulan son funcionales a las necesidades de las gentes, los de la asamblea permanente y, de las gentes que este sistema perverso los obliga a andar como rastrojos mientras su deambular garantiza el lujo y oropel de los sectores dominantes.

Las acampadas en las plazas son un ejercicio descarnado y desnudo de la más esencial democracia, cosa que espanta al cartón piedra de los politiqueros profesionales, al despilfarro de las sanguijuelas que desfilan en el papel couché y en sus palacetes, a los obscenos sueldos de los que pregonan engaños y fraudes, a la moralina falsaria de las sotanas y conventos, a las charreteras parasitarias que acumulan y siembran bombas criminales, al canibalismo de los banqueros, a la zafiedad populista, al maltrato naturalizado...

Las acampadas en las plazas ponen en sencilla evidencia que otra forma vincular de sociedad es posible, que no hay un sino inmutable a la condición de mercancía que este sistema del capital impone con comedias y tragedias.

La alegría contagiosa de los andares colectivos, comunes, amontonados, sólo quitan lugar al miedo, a la resignación, al desánimo.

Puede ser que sólo quede este tsunami de conciencia ciudadana y humana como referencia en los vericuetos de la lucha de clases, pero vivir esta protesta social como si la misma fuera el alma que envuelve al cuerpo, es un privilegio que compartimos con los que nos precedieron en otros tiempos y los que recientemente partieron.

Es impensable no acudir, por Andrea Benites-Dumont

“Hay un acuerdo secreto entre las generaciones pasadas y la nuestra. Alguien nos está esperando en la tierra”. Walter Benjamin.

Las situaciones de desasosiego cotidiano que desde distintos ángulos nos embisten y nos invaden en esta sociedad de consumo que coloca elementos inimaginables de estar situados en góndolas de productos perecederos inmediatos. En uno de esos estantes, junto a mercancías y modas, los derechos humanos son mutantes en toda su forma y esencia según "quién los venda y quién los compre". Los grupos de poder han apostado fuertemente en que dejen de ser parte consustancial del tejido humano y de la conciencia universal para ser instrumentos de intercambios políticos que, llevan a su vez diversas graduaciones según de qué humanos se trate. Pero a pesar de la despolitización propagada, persisten los conflictos de clase con perspectivas opuestas y antagónicas que van más allá de la enunciación vana de declaraciones huecas.

En la escena en que los dramas sociales e históricos se desarrollan, entran en acción una serie de actores y factores que de modo tumultuoso y vertiginoso, desdibujan el nudo de la trama. Las misiones humanitarias, el desembarco de benefactores movilizados desde los gobiernos interesados en que en tal o cuál región exista un clima dominado, deja entrever una suerte de control colonial sobre los territorios bárbaros, inundados por ejércitos salvadores -ayer nomás, colonizadores de la misma zona-, huestes paradójicas de soldados humanitarios armados y garantes de valores de paz y de orden, con el sponsor publicitario de poderosas compañías aseguradoras.

La enunciación de derechos humanos se ha asimilado mucho más a la compasión que a la alteridad potenciadora de la solidaridad. Han sido y son también reclamos electorales, objetos y trofeos gubernamentales con la cooptación y anulación de organizaciones surgidas de la defensa extrema de las víctimas, metamorfoseadas en un presente de exclusivo simbolismo re-utilizable, o, en el reino de la hipocresía donde las mentiras determinan qué países democráticos son siempre respetuosos de derechos humanos, aún cuando apliquen la pena de muerte, invadan países, legalicen la tortura, practiquen el apartheid, el racismo, la xenofobia... Leer más en CODO a CODO

Podríamos ser Teseo; por Andrea Benites-Dumont

Anudados, atrapados cual ovillo de Ariadna, maniatados en un lenguaje que impide descifrar el puente de ideas, de conceptos, esos espacios que la mente pergeña para encontrar los signos identitarios, los encuentros integradores e igualadores sin atinar con el hilo que nos salve del laberinto envenenado donde todas las salidas son falsas y los atajos son engañosos cebos que conducen a las fauces del Minotauro, irremediablemente.

El sentimiento que atraviesa los últimos tiempos, parecería el de ser hacedores de la nada.

Se multiplican y afianzan las trampas que destruyen los valores y en esta red tóxica pervertidora no nos deja ejercer otros oficios, y la temperatura descontrolada por el cambio climático determina un cambio “humánico” en casi todos los aspectos de la vida: nos deshidratamos de pensamientos y solidaridades y no se encuentra cobijo alguno de los fríos extremos y hasta el más elemental lazo gregario se deshace.

Las entrañas del sistema han quedado en exposición obscena: nunca fue tan claro el control de los financieros sobre los gobernantes, llamados, felicitaciones por el trabajo sucio de sustraerle a los más pobres, y teatralizar una opereta para inducir al convencimiento que no hay otro camino que dejar a los ricos en paz.

El escenario en que estas secuencias se desarrollan, el temor, la inseguridad, la desconfianza, el individualismo, el egoísmo, la banalización, el consumismo, son los regidores obligados al conjunto social; los trabajadores ven a otros trabajadores como enemigos y a los desempleados como los espectros de su posible futuro inmediato.

Una reforma laboral canalla tendrá una huelga general “diferida”..... Leer más en CODO A CODO

Cuando los otros nos convierten en nosotros; por Andrea Benites-Dumont

Aquí nos encuentran nuevamente con las gargantas rotas pero con el grito intacto. Y la desolación y el desgarro necesitan explayarse en consignas y en reclamos roncos y broncos; por un lado, un nuevo aniversario del garrotazo feroz en Argentina, y por otro, por la iniquidad de seguir arrebatándole a las víctimas de la dictadura franquista, su derecho a la justicia.

Un nuevo 24 de marzo en que se reactiva por medio de una suerte de evocación catártica colectiva, el desgarrador hecho que el golpe de estado de 1976 significó cuál hachazo en el ser colectivo. Y un atónito mes de marzo del año 2010 en que no dejan salir de las cunetas a los asesinados por Franco y sus gobiernos.

Sin embargo, abriéndose paso entre los años, a través de los silencios impuestos y decretados, a pesar de la indiferencia y el rechazo… a pesar de los pesares, el pasado es parte inexorable de la creación de identidad colectiva; la producción de memoria y los recuerdos son elementos constitutivos de los andares del presente, y en una suerte de puente de búsqueda de referencias y de apuestas se entreteje un sino de orientación y de pertenencia, y se activan y se fundan ceremonias y rituales para acudir al encuentro contestando así ............ Leer más en Codo a Codo

Es injusto conformarse

Después de casi 30 años, se realiza finalmente y como consecuencia de la lucha de los empecinados, un juicio a algunos responsables que operaron en la Escuela de Mecánica de la Armada de Argentina (ESMA). Tan sólo 19 imputados de los que sólo concurren 17, aunque hayan sido denunciados inicialmente 133 (1), algunos de ellos se murieron en estado de total impunidad, otros están fugados, y algunos suicidados. Estos 19 serán juzgados por 85 casos de violaciones a los derechos humanos, 85 casos extraídos de las casi 5000 personas (2) que fueron detenidas desaparecidas en la ESMA desde 1976 a 1983.
Un juicio donde se acumulan testimonios y denuncias, un juicio sustentado en la voz valiente de los sobrevivientes.

Allí están 17 imputados, sentados, manteniendo la impostura como si no tuvieran nada que ver con todo aquello.
Han intentado con todo tipo de tretas y recursos, evitar un procedimiento jurídico de por sí limitado, ya que es una causa parcializada con pocos represores imputados por crímenes de lesa humanidad.
Cada uno es una historia despreciable, hieden a muerte.

Con los casi 30 años transcurridos se ha naturalizado la aceptación social y política del posibilismo, deparando por una parte y en cierta medida, la continuidad de la impunidad, y por otra el conformismo que con algunos casos paradigmáticos se cumplirían los “objetivos en materia de derechos humanos”.
Un causa más parcializada y segmentada como así lo determina la dinámica de los enjuiciamientos que se llevan a cabo en Argentina demorados 30 años.
Este fraccionamiento de las causas desvanece el plan sistemático de exterminio, por lo que esta suerte de despiece es funcional al genocidio desatado por las fuerzas y cuerpos de seguridad de un Estado terrorista.

El empecinamiento no es un capricho y es algo más que un compromiso.
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La invivible brutalidad

En junio del 2009 un trabajador inmigrante sin papeles tuvo un accidente laboral. Sus patrones tiraron su brazo amputado a un cubo de basura y a él lo dejaron clandestinamente en las puertas de un hospital.
Esta es la estampa insoportable del capitalismo salvaje.
Este sistema es un monstruo que hace que el panorama del mundo sea un espanto.

El estado moderno consagró jurídicamente -contra el poder jerárquico de la nobleza- la igualdad que pregonaba de la especie humana. Siendo este es uno de sus fundamentos originarios, son innegables las políticas de desigualdades que desarrollan los estados modernos, como innegable es que el mercado impone las desigualdades.
Y en esta distribución determinada por los intereses económicos, el concepto de ciudadano no engloba universalmente a todos los “nacidos libres e iguales” (Art. 1. Declaración DDHH: "Los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos").
Ahondando en la realidad que abruma, el racismo y la xenofobia resquebrajan aún más el concepto de la igualdad natural humana, acotando los limites a la noción de ciudadano; sutil –quizás- en determinadas condiciones económicos sociales, pero en situaciones de confrontación y de crisis, los ya de por sí restringidos márgenes se convierten en los muros de las fronteras o en las alambradas separadoras.... Leer más en codoacodo