Pronto
se cumplirán 43 años del golpe militar genocida en Argentina; y como cada año
se andará la memoria en las pancartas y en los cantos y en consignas, sostendrán las fotos de los miles de desaparecidxs,
y se actualizarán las demandas, las denuncias y las críticas al sistema
capitalista, merecedor de la andanada de embates que surgen desde la
explotación, de la dominación, pero sobre todo de la injusticia que se filtra
en todos los ámbitos sociales y se enraíza putrefacto en las instituciones y deviene
de las clases y sectores poderosos que lo sostienen y propugnan.
Sin embargo,
muy de tanto en tanto, también en esta estructura aberrante, se filtran algunos
haces de luz…. Ejemplo de ello, es el fallo judicial en que se reconocen la
legitimidad del reclamo de los cinco acusados por la corporación
Benetton, se desestimaron las acusaciones de abigeato (robo de ganado) y
de la “usurpación” de tierras. Así a los
habitantes del Pu Lof en Resistencia Cushamen, comunidad mapuche, les fue
reconocido el derecho histórico de los pueblos originarios a poblar y habitar
en sus tierras. La jueza fundamentó su fallo apelando a la
historia de las tierras en cuestión, relatando que desde “la Campaña del
Desierto de fines del siglo XIX ese territorio pasó de mano en mano, desde
terratenientes ingleses hasta Benetton, pero que siempre fueron tierras vitales
para los mapuches y su vida comunitaria ancestral”.
La
recuperación de la libertad de los cinco imputados, la sentencia recostada en
el reconocimiento al derecho indígena, es un hito histórico y sentará
jurisprudencia de aquí en más frente a las pretensiones de los usurpadores acaudalados.
Sin embargo en este histórico dictamen judicial, y aunque en forma no escrita,
pero si en las manos que lo sostienen o en las voces que lo pronuncien, estarán
Santiago Maldonado y Rafael Nahuel, asesinados por fuerzas represivas estatales
defensoras de los intereses de los latifundistas y de las multinacionales.
Pero
ciertamente es un punto de luz en el oscuro panorama argentino, que tal como lo fundamentará la Coordinadora
contra la Represión Policial e Institucional (Correpi), en el informe anual
presentado en la Plaza de Mayo, el gobierno de Mauricio Macri es el gobierno
más represor desde que acabara la dictadura genocida, allá en 1983. Un
presidente emparentado ideológicamente con Bolsonaro, Trump…
En
el año 2018, se ha intensificado la violencia estatal arrojando la cifra de una
persona muerta por la represión, cada 21 horas (¡¡!!)
La política
represiva del gobierno de Cambiemos, está dirigida a la protesta social frente
a los recortes de servicios públicos, de derechos sociales, de derechos laborales… y así “en dos vertientes que corren a la par: la
represión de carácter más difuso, de control social en las barriadas populares,
con la militarización de los barrios, con mayor poder de fuego, con el uso a
fondo de las detenciones arbitrarias, y en la represión a la protesta, al
conflicto social, a los sectores que se organizan de la clase trabajadora”.
Ciertamente que las calles de las principales ciudades de Argentina, no se
han vaciado, ha habido respuesta movilizada a cada medida del gobierno para los
ricos y del FMI y de la complicidad de los gobernadores de las provincias,
mayoritariamente peronistas y kirchneristas.
Asimismo en este nuevo 24 de marzo, se seguirá reclamando la cárcel común y
efectiva de todos los genocidas, ya que las domiciliarias atentan no sólo
contra la naturaleza de los delitos cometidos -lesa humanidad- sino que además procesalmente no les
corresponden ningún tipo de beneficio penitenciario por la índole aberrante de
los crímenes cometidos. Sin embargo, cientos de genocidas campan a sus anchas
por sus casas, de vacaciones… nuevas afrentas a las víctimas a sus familias,
amigxs y compañerxs.
A 43 años del golpe aún quedan casi 450 hijas e hijos de desaparecidxs,
secuestrados o nacidos en cautiverio, con identidades falsas, en tanto van muriendo
sus abuelxs y otros familiares biológicos que los buscan y los esperan. Aún queda por encausar a todxs los
co-responsables económicos del genocidio. Aún quedan por abrir los archivos de
la dictadura.
Mientras hedor de la corrupción instalada en todos los resquicios del
Estado, continúa inmune, la inflación se dispara por horas, los despidos
aumentan a diario, los tarifazos y ajustes ahogan a los sectores más debilitados
y comprenden a su vez a más capas
sociales… Y se desarrolla un espectáculo bochornoso sin límite de espionaje y
extorsiones entre los partidos que otrora sostuvieron la impunidad de los
genocidas, y que hoy aplican el austericidio a los trabajadores y sectores
populares. Los burócratas sindicales peronistas se balancean entre el circo y
el mudismo.
Este nuevo aniversario del golpe genocida coincide con un año
electoral, y por más que dibujen
embauques y mentiras, sea cual sea el gobierno que salga electo estará bajo el
mandato real del FMI, agudizándose la pobreza y miseria con mayores ataques a
las enclenques condiciones de vida de las clases populares.
Podrán utilizar en el juego electoral a los 30.000 detenidxs desaparecidxs,
como ya lo hicieron, podrán adjudicarse la herencia de sus luchas… pero las
papeletas electorales no consignarán nada de Jorge Julio López, desaparecido en
el 2006, ni de Alberto Ledo desaparecido por Milani, el general kirchnerista.
En el mes de marzo las mariposas suelen llenar el
aire… Tal como ellas, en un pañuelo de una Madre de Plaza de Mayo coherente e
inclaudicable, los principios de combate de los 30.000 por un mundo mejor,
siguen en las alas y en el vuelo vital a la utopía.
Andrea Benites-Dumont
Publicado en Contramarcha; marzo 2019
No hay comentarios.:
Publicar un comentario